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Experiencia en Djunang (Camerún)



No es fácil para mí explicar en pocas palabras lo que hemos pensado, sentido y disfrutado en los días que pasamos en Camerún. Como siempre, es un placer ir a un país tan distinto, pero cuando además vas a prestar una ayuda, aunque a ti te parezca insignificante, se convierte en algo totalmente distinto.



Una vez superadas todas las dudas iniciales, tras un largo viaje y una pequeña visita a la capital, Yaounde, y al hospital en el que se encontraba el grupo de oftalmólogos haciendo su campaña de cataratas, llegamos a la ciudad de Bafoussam y a nuestro destino, el hospital de Djunang.



Supongo que cuando es tu primera vez, por mucho que te hayas imaginado y te hayan contado cuáles son las condiciones en las que vas a trabajar, no puedes evitar la sensación de frustración y congoja; pasar del sillón, la turbina y la escupidera a una silla en la pared, un cubo de basura y una linterna no es fácil, pero todo eso se olvida y en seguida empiezas a hacer extracciones de cordales superiores con fórceps de incisivos si hace falta.



Y por otra parte, el “voluntariado” administrativo. Fue muy divertido ver a un comercial pasar apuros para explicar herramientas de Excel y hacer inventario utilizando un francés muy poco ortodoxo, pero muy imaginativo.



Quiero decir con esto, que si alguien tiene ilusión por ir a un proyecto de este tipo pero duda de si merece la pena o si va a servir de ayuda, deje de pensarlo y adelante!

Y a los que no se lo hayan planteado nunca, estaría encantada de contagiarles un poquito, porque creo que es una experiencia que te devuelve mucha más ilusión de la que tú aportas. Mi consejo es

ANIMAOS!!!!!!

Ana Simón