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Camerún agosto 2014


Bonjour Les Blancs!


Cuatro de la madrugada, Aeropuerto del Prat. El comando UIC-UB, formado por seis dentistas y cinco futuros dentistas, en representación a DentalCoop, presente y listo para facturar el equipaje con destino a Camerún.

La primera parada fue Istambul, dónde nos perdimos durante seis horas en un abarrotado laberinto de productos de imitación llamado Gran Bazar y por los rincones mas turísticos de la actual Constantinopla.

Después de otra escala en Douala, capital económica de Camerún, por fin pisamos tierras africanas en Yaundé, dónde Teo y su cuadrilla nos dieron la bienvenida y nos llevaron a lo que sería nuestro campamento base en Mendong.

Permitidme presentar Yaundé; una ciudad que madruga con muchísima energía, donde reina la anarquía y el caos, y que des de los ojos de este voluntario blanco, te bombardea de estímulos; un potente cóctel de olores mezclado con una intensa polución embriaga por completo la capital camerunesa; un desaforado alboroto de cláxones suena por toda una jungla que te convierte en el blanco de todas las miradas y en la que los autóctonos te señalan a la voz de ¡Les blancs!
Le caracteriza el constante ajetreo de una hiperactiva venta ambulante de todo tipo de artículos. Entre el bullicio, los hay quienes usan sus cabezas a modo de escaparate. Otros emplean a sus hijos para el comercio. Incluso hay establecimientos dónde se practica la circuncisión a buen precio.
Entre esa exótica atmósfera frecuentan los alvinos, perseguidos en otros países para macabras prácticas de brujería.

La campaña se distribuía en tres zonas de trabajo; Mendong, un humilde gabinete odontológico equipado con un sillón y material indispensable para restauradora y cirugía; La Grande Mosquée, una espectacular mezquita en construcción situada en el distrito islámico de la ciudad, aprovisionada en la parte posterior para atender a los pacientes; y, por último, Madagascar, una escuela acondicionada con nuestro material para el mismo fin.

Una carrera de media hora en taxi nos separaba de los puntos de trabajo, un deporte de alto riesgo que exige sacar al taxista su instinto más salvaje, siempre intentando trampear al cliente el precio de la carrera.

               
Cada zona de trabajo nos recibía con más pacientes que la anterior. Tocadas las diez empezábamos a calentar motores. Los pacientes se multiplicaban a medida que avanzaban las horas. A la mezquita, estos acudían con coloridas indumentarias islamitas, mientras retumbaba por todo el barrio el mensaje de Alá.
Un alto porcentaje eran pacientes pediátricos, manifestando el descontrolado índice de natalidad del país. Las improvisadas salas de espera desbordaban. Trabajábamos sin freno hasta las cinco o seis de la tarde, momento en que se nos empezaban a complicar las extracciones y teníamos que hacer uso de la turbina.
Poníamos punto y final a la jornada con una merecidísima montaña de exquisitas brochetas de carne acompañadas de cerveza nacional ‘33’.
El Agosto en Camerún se encuentra entre los regímenes de lluvias y seco, caracterizado por esporádicos períodos de llovizna durante el día, bajo un cielo que raras veces está despejado. Una época del año acompañada con una temperatura muy agradable, que incluso los mosquitos se mantienen en tregua.

El domingo Yaundé se viste con las mejores galas, día de celebración eclesiástica en toda la comunidad camerunesa. Junto con la iglesia católica conviven iglesias alternativas que difunden la palabra del Señor a través de falsos pastores empujados por revelaciones, alimentadas por la ingenuidad e inocencia de los más pobres.

La multitudinaria campaña de la que se había especulado ya era un hecho. Había resultado todo un éxito. Cada vez trabajábamos con mayor fluidez y organización, llegando a batir el récord hasta el momento, alcanzando la cifra de 3.000 pacientes.

Por fin llegaron nuestros días de paz. Siete horas de interminable selva tropical separan Kribi del caos. Una sorprendente estampa de frondosísima madre naturaleza que escondía diminutas aldeas compensaba el cargadísimo ambiente del interior del autobús. Nos repartimos entre un grupo de moto-taxis que, entre la oscuridad de la noche, nos condujo hasta el hotel.
Amanecimos en un paradisiaco rincón del litoral africano llamado Hôtel Du Phare. La paz que habitaba la playa privada nos dio los buenos días, dónde planeamos las actividades más turísticas de la zona. Con las pilas cargadas, empezamos por una travesía en canoa que nos condujo a una aldea habitada por pigmeos. Continuamos la aventura con uno de los grandes reclamos turísticos de Kribi; las cascadas de Lobé, un capricho de la naturaleza, donde el río Lobé muere en las aguas del Atlántico.

Dimos por finalizado el fin de semana en el Chez Sami dónde nos pusimos ciegos de marisco por un precio muy asequible. En una mesa repleta de gambas, cangrejo y el famoso poisson grillé, intercambiamos anécdotas del viaje e ideas de cómo mejorar futuras campañas.

 

Me gustaría reconocer, con estas líneas, la colaboración de cada uno de los voluntarios, blancos y negros, que, a pesar de trabajar durante intensas jornadas, nunca rechazaron atender un paciente. Por otra parte, hay que destacar la gran labor que realizó Marc Encinas durante su larga estancia en el país, quien ayudó a reflotar la clínica de Teo. Y, por último, Teo, la persona al mando de la campaña, por hacer lo imposible para que todo estuviera un poco mejor y hacernos sentir como en casa. Merci mes amis!

Marc Llaquet
Odontólogo