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Viaje a Haití



La impresión que produce Puerto Príncipe es la de un bosque quemado que vuelve a brotar. Encima de los edificios hundidos, los montones de escombros, las ruinas estremecedoras donde es fácil imaginar los cuerpos atrapados, crucificados en la más espantosa de las muertes, enterrados vivos en muchos casos… brota una vida incontenible. Las calles están bordeadas de sombrillas, son los pequeños comercios en los que infinidad de haitianos intentan vender cualquier cosa. Pulula una multitud efervescente, el trafico es una pesadilla, a los atascos les llaman “bloquises”, y en ellos nos hemos pasado la mayor parte del tiempo. Para hacer trayectos de 15 min. en condiciones normales, nos tirábamos fácilmente 2 horas…



La mayor parte de la población vive en tiendas de campaña, aproximadamente un millón de personas en estas condiciones. Sorprende la relativa poca actividad de desescombro y de construcción, sabiendo la magnitud del problema y la inminencia de la temporada de tifones. No sabemos que planes hay al respecto, pero vemos más obra pública aquí que allí. Y más medios, hay poca maquinaria, muchas brigadas trabajan prácticamente a mano, reduciendo los bloques de hormigón a pedazos más pequeños que van acumulando en la calzada esperando camiones que lo recojan. La gente acampa en grandes campamentos, pero también muchas veces en la misma calzada, en los patios o jardines de sus casas, dónde pueden.



Los horrores que nos explican no se pueden ni imaginar, aunque te lo digan, no te lo representas, no puedes representártelo. La única reacción posible es un profundo sentimiento de compromiso en la reconstrucción del país.

En este viaje nos proponíamos hacernos cargo de la situación para poner en marcha un proyecto de rehabilitación de amputados. Formábamos el equipo un traumatólogo, Dr. Javier Trenchs, un técnico de fabricación de prótesis, Gustavo Correa, y yo mismo, como una especie de coordinador. Y por supuesto, la hermana Isa Sola, de Jesús Maria, testigo de la catástrofe e impulsora de nuestra iniciativa. Su habilidad al volante ha sido básica para poder movernos en medio del caos. Como objetivo personal, y en este caso secundario, pretendía reevaluar nuestro proyecto anterior de creación de un servicio de atención dental.



Se estima en unos 3000-4000 los amputados que hay que atender. Eso significa que harían falta unos 10 talleres de confección de prótesis, unidos al correspondiente departamento de rehabilitación y de adaptación. Un amputado requiere atención de por vida, las modificaciones de la musculatura del muñón son permanentes y la vida de una prótesis es limitada.

En estos momentos solo existe un taller de estas características, de Handicap Internacional. Lo hemos visitado y establecido una relación cordial. No nos ha sido posible saber cuantas iniciativas están en marcha en el mismo sentido, sin embargo ya hay un embrión de estructura administrativa, bajo la tutela de la ONU, que pretende coordinar la acción internacional. Nuestro proyecto deberá ser examinado por este organismo.



Por nuestra parte, tenemos un lugar donde instalar el servicio, se trata de un centro médico donde una comunidad de hermanas dominicas nos proporciona el personal sanitario necesario para atender a nuestros pacientes. Existe ya una sala de rehabilitación y un elemental quirófano que nos permite hacer pequeñas intervenciones. Nos falta evaluar la instalación eléctrica para ver si tenemos que ampliarla. Otro aspecto del proyecto es el acceso a los pacientes, en este momento dispersos en los campamentos. Necesitamos voluntarios haitianos que los localicen y motiven para que accedan a nuestros servicios, así como un medio de transporte para llevarlos. Esto se hará con Isa a partir de la comunidad de su parroquia, Sacre Coeur- Con todos estos elementos redactaremos el proyecto que se hará bajo el amparo de la fundación de Jesús Maria, Juntos Mejor.



En cuanto al proyecto dental, hay un hospital en Puerto Príncipe donde están interesados en que montemos la clínica. Tienen un dentista haitiano y una recién graduada que proporcionarían asistencia continuada, al margen del envío periódico de voluntarios. También tenemos que reevaluar el proyecto original que teníamos presentado para financiación en la fundación Roviralta.



Muchos planes, mucho trabajo de preparación, mucho dolor, muchas necesidades. Que Dios nos ayude

Dr. Alberto Pérez-Porro